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martes, 6 de octubre de 2015

VEN,DAME TU MANO

Foto de Manuel Francisco Romero.
“No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar”
Albert Camus.
“En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca”. Jacinto Benavente.
"Lo único que me duele de morir es que no sea de amor." Gabriel García Márquez
“El amor no es sino la acuciante necesidad de sentirse con otro, de pensarse con otro, de dejar de padecer la insoportable soledad del que se sabe vivo y condenado. Y así, buscamos en el otro no quien el otro es, sino una simple excusa para imaginar que hemos encontrado un alma gemela, un corazón capaz de palpitar en el silencio enloquecedor que media entre los latidos del nuestro, mientras corremos por la vida o la vida corre por nosotros hasta acabarnos.” Rosa Montero.
DEDICADO AL UNICO Y ETERNO AMOR DE MI VIDA. MI ESPOSA.
En el cumpleaños número 49 de nuestra boda.
Una semana antes de mi “un antes y después” de mi operación, con poca supervivencia, de mi desgajado corazón.
EL ÚLTIMO ATARDECER 
©Todos los Derechos reservados del Texto 23/02/2015.
Autor: Manuel F. Romero Tucumán Argentina.
Ven, dame tu mano.
Toma mi mano querida, y acompáñame a caminar por los valles florecidos.
¡Mira las flores! Son los mismos senderos que tantas veces recorrimos.
Deja que tome tu cintura y caminemos juntos, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.
Luego de un largo sueño, la nieve despertó y la vida en primavera se yergue y se despliega, verde, frondosa y dichosa, y se encamina, húmeda y perfumada, hacia los valles y las cuestas.
Ven, acércate más, acaríciame y sigamos caminando juntos, tras los pasos de la primavera de colores y aromas, que se extiende fresca, en el horizonte lejano.
Deja que le sol te acaricie, y te cubra con su manto de luz y calor. ¡Qué bella eres!
Tus ojos moros, de oro y miel, que tanto amo, me miran el alma.
Vamos, sigue caminando conmigo, yo te sostendré, y tú lo harás conmigo si lo necesito.
Hemos vivido toda la vida juntos, aprendimos a amarnos, y lo seguimos haciendo desde el primer beso que te robé, ¿Lo recuerdas? Hace cincuenta años, y todavía un leve rubor te embellece aún más, cuando te lo recuerdo. 
Habla conmigo, ya casi no escucho tu voz. Deja en el viejo pasado los ocasos tormentosos, y tantas, tantas bellas primaveras en nuestras vidas, perdidas en silencios y soledades compartidas.
¡Estás tan cerca! Me perturbas. Recuerdo cuando te alzaba en mis brazos y te apretaba contra mí hasta el dolor dulce en la comunión en nuestros cuerpos.
Tienes los mismos ojos color miel que me enamoraron cuando me miraste, y tu cabello, casi blanco como la nieve, huele como siempre, a manzanas.
El tiempo plasmó en tu rostro el aurea de la belleza otoñal. ¡Estás hermosa!, amor.
No, no te preocupes por mí, sólo estoy un poco agitado, mi corazón late un poco fuerte, porqué está muy feliz, lo demás, no importa.
Trepemos la lomada por nuestro sendero de siempre y admiremos juntos, como antes, la inmensa llanura vestida de verde y oro que nos rodea.
Amor mío, descansa un momento, apóyate en mí y descansa en ésas piedras grandes, en la sombra perfumada del pino.
Tienes frio, toma mi abrigo y descansa, querida. Adoro tu cabello que la brisa acaricia.
Deja que te abrace y sienta tu pequeña cintura como el primer día. Acércate más.
Ven, sigamos el sendero, que ya conoce de nosotros los pasos de nuestro amor, de nuestras apasionadas y lejanas primaveras.
Estoy un poco agitado, nada más. Ven querida, llegamos al arroyo, descansemos un rato.
Escucha, como escuchábamos antes, mientras nos amábamos con locura, los sonidos melodiosos del agua cristalina que transita entre las piedras, murmurando el canto de la alegría, celosa de vernos juntos otra vez.
Aprovechemos todos los instantes de la vida que late en nuestras almas, porque la vida es sólo eso, momentos. Quiero que éstos, sean sólo nuestros.
Sujeta mi mano, amor, y reposemos entre las flores que se asoman desde el corazón de la tierra y la vida.
Ven, acércate a mí, tal vez como nunca, y unamos nuestros cuerpos para darnos recíprocamente los más maravillosos besos de amor.
No, no llores mi amor, tus lagrimas son joyas preciosas que me acaricien con su amor. Nunca es tarde para amarse, aunque sea por un momento más, y yo te amo. Te amo desde siempre.
¡No, no temas por mí, mi querida, este viejo tiembla en su palidez , porque pudo sentir , tal vez tarde, tus lagrimas calientes, detenerse en los pliegues de sus años.
No, no sufras mi amor, colmemos nuestros corazones con el canto de los gorriones y recojamos con el alma los perfumes del hermoso atardecer.
Mi corazón se acelera. Siento que extrañamente rápidamente anochece.
Ven, amor acércate más, siento frío, dame el calor de tus labios. Bésame como nunca. 
Voy a dormir un ratito, así, en tus brazos, pero en mis sueños estarás siempre, amor mío. Desde siempre y hasta la eternidad.
Amar, apasionadamente, serenamente, con el alma y la vida,
es casi como tener alas y aprender a volar.
Porque amar es eso, volar y permanecer cerca del cielo.

MANUEL FRANCISCO ROMERO
01-10-2015


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